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Título: Bioética y literatura - (de una cuestión nominal de la Bioética como instrumento de análisis Literario. Un punto de vista.)

Fecha: 03/07/2006
Categoría: Literatura
Keywords: biotécnica y educación

Por Liliana Beatriz Duarte.

El Dr. Mainetti dice: "Desde los "atardeceres" del siglo XX y, respecto de la disciplina de la Bioética como Ética de la vida y vida de la ética, se la ha tomado como la más representativa de lo que es la ciencia y la técnica como así su control normativo en este fin de siglo. No cabe duda, igualmente, de que en este fin de siglo, el discurso moral se ha transformado en el metarelato o megadiscurso político, público, académico, institucional, etc. Todo es ética en este momento, como palabra de moda, lo cual no quiere decir que la realidad de su contenido sea tal." De su palabra o concepto nominal se puede hacer una abstracción lingûística y describirla por su forma y contenido, o bien por su etimología , significado y sentido. Hacerlo desde un punto de vista lingûístico es hablar del signo propiamente dicho y describirlo semiológicamente. Hacerlo desde su sentido propiamente dicho es describirla y desarrollarla hermenéuticamente. Hacerlo como descripción desde su polisemia y correspondencia literaria es realizar una abstracción y dar una visión de imágenes sugestivas de una bioética ficta, como de la metafísica o de la teología, como ramas de la ciencia ficción o de la literatura fantástica y, de algún modo un género literario.

El presente trabajo representa un intento de demostrar, como objetivo, a la bioética como instrumento de análisis literario, partiendo del abordaje a tres temas que conciernen a la disciplina en cuestión y su "encuentro" en los mitos, en la literatura clásica, contemporánea, cine, teatro; es decir en el arte. Para dicha demostración se ha tomado como eje referencial el texto "Ética de la Vida y Vida de la Ética en el fin de siglo", cuyo autor es el Dr. J.A. Mainetti. Desde allí el desarrollo del mismo es breve en lo que concierne a la descripción ejemplificadora, pues cada uno de ellos abarcaría un centenar de páginas si son sometidos a una relación, descripción y extrapolación exhaustiva. No obstante, los mismos son esclarecedores pues la presentación contiene los conceptos textuales de este gran maestro de la Bioética. Para una lectura lineal del mismo, en el contenido del trabajo se observará:

Etimología de la palabra bioética y su extensión significativa.

"Paradigma de la ética tecnocientífica", "el fenómeno cultural de la crisis de la bioética" y "Ética de la medicina posmoderna" y sus correspondientes relaciones, semejanzas, correspondencias literarias.

Completa el objetivo la intención personal de estudiar o "ver" a la Bioética, desde otro punto de vista.

¿QUÉ ES LA ÉTICA?

LA CUESTIÓN NOMINAL DE LA BIOÉTICA

El recurso a la etimología ( éyimos= verdadero) ilustra también una verdad transcultural de la bioética, la del fundamentalismo latino de cara al pragmatismo anglosajón. Según el registro disponible, el término bioética se introduce por primera vez en el título del libro de Van Rensselaer Potter "Bioethics, Bridge to the Future"( 1971). Ésta dice la síntesis de "dos culturas"y una clave para construir el "puente hacia el futuro" que propone el subtítulo: biología moral como calidad de vida ante el desafío ecológico planetario. El segundo empleo del vocablo pertenece a una institución, "The Joseph and Rose Kennedy Institute of Ethics for the Study of Human Reproduction and Bioethics", fundado por André Hellegers con el patrocinio de la familia Kennedy en 1972 y que, a la muerte de aquél se transformó en el Kennedy Institute of Ethics (1979). Como Potter con su propuesta ambiental, Hellegers tuvo una inspiración macobiótica reproductiva con su proyecto poblacional, la biología reproductiva aplicada a la mejora de la sociedad humana. Sin embargo, a pesar de ambos megaproyectos bioéticos, la palabra tardó en imponerse como el nombre de la nueva ética médica o bioética, a la que dio estatuto epistemológico y pila bautismal la "Encyclopedia of Bioethics " (1978).

En cualquier caso, confiamos en la bioética como nueva vida de la ética en la actual crisis de la humanidad, con la esperanza de una revolucionaria apropiación bio-ética del destino humano y llegar a ser lo que queremos y nos debemos ser.

La primera incursión es la del desarrollo de la ciencia y de la técnica en nuestro reciente pasado siglo XX, con las ambivalencias del mismo y, cómo estas ambivalencias reconocidas desde la más remota antigûedad, desde el mito, han llegado hoy a hacerse dramáticamente sensibles. El mito de Dédalo e Icaro en la antigûedad clásica, en Grecia, justamente el rostro jánico del progreso; esto es, cómo la ciencia y la técnica tienen una cara positiva, se puede producir el bien como consecuencia de la aplicación del conocimiento a los fines prácticos, pero también se puede caer en el error, en el mal y ésta es la cara negativa. Dédalo e Icaro, padre e hijo, están encerrados en el laberinto que el primero había construido para encerrar al Minotauro y la única salida del laberinto se le ocurre a Dédalo, y que es a través del vuelo: construye entonces unas alas que adosa a los hombros de él mismo y de su hijo, logrando así, con este invento fenomenal que es el vuelo, el "avión" para escapar del laberinto. Pero ocurrió que Icaro no logra el éxito con esta operación, pues no sigue los consejos de su padre de no aproximarse al sol porque las alas estaban pegadas y el sol podía derretírselas. Icaro, entusiasmado por el placer de volar, el deseo satisfecho, se aproxima al sol, desoye el consejo paterno y perece. Los griegos quisieron dar a entender con esto que toda invención tecnológica comporta esta ambivalencia, este rostro jánico. Y los griegos también expresaron esta ambivalencia en una figura mitológica de la quimera, un monstruo formado por las partes de distintos animales. Beleforonte fue el héroe que mató a la quimera, pero al matar la quimera, Beleforonte también sucumbió a una depresión que lo llevó al suicidio. Con esto, tal vez los griegos quisieron dar a entender que el hombre no puede dejar de pensar la quimera, de crear la quimera. Hoy en día existe la posibilidad de retornar a los monstruos: los dinosaurios de Jurassic Park, de alguna manera en el imaginario social nos recuerdan estas posibilidades que tiene el hombre con su poder tecnocientífico de producir monstruos; pero no nos olvidemos que la quimera es también la metáfora de la fantasía , de la ilusión, de l imaginación, de la poesía, de la utopía. Sin quimera no hay posibilidad de vida para el hombre, como Beleforonte nos lo está señalando. Siempre se ha conocido de esta ambivalencia, pero la ciencia y la técnica del siglo XX la han llevado al paroxismo. Primero, porque la ciencia denota un poder en sí mismo destructivo, la humanidad lo ha experimentado: la bomba atómica, la explosión nuclear fue para la humanidad la toma de conciencia del pecado original; es decir, la posibilidad de que la ciencia y la técnica se empleen para el mal. Esta ambivalencia es la de un gran poder destructivo que implica el exterminio no solamente de algunos hombres, sino de la totalidad del género humano. Aunque parezca apocalíptico este aporte, el poder destructivo se conjuga con otra novedad de la ciencia en el siglo XX, que es su capacidad factiva o creativa. La ciencia clásica, que se distinguía de la técnica, era una ciencia contemplativa, esto es, una ciencia que observaba, que pretendía no modificar la realidad y, cuando lo hacía, lo hacía a través de la técnica con criterios finalistas, prácticos, morales. La ciencia moderna no es un ciencia contemplativa, sino una ciencia práctica, de acción que modifica la realidad sobre la cual actúa, y esto es en la física, en los quantum, los genes, en los embriones, en los envitriones: "para conocer necesito operar". Éste es el gran dilema de nuestro conocimiento en la ciencia y en la técnica actuales. Algunos ya hablan de tecnociencia porque nuestra ciencia es técnica, no se puede no actuar, para conocer se necesita intervenir. La revolución biológica nos muestra esto de manera muy clara, como si nuestras capacidades de transformar la naturaleza cósmica estuvieran hoy día vueltas hacia la transformación de la naturaleza humana. Y esto es lo verdaderamente inquietante y lo que, desde el punto de vista moral crea la sorpresa, la pregunta, la incertidumbre y el desafío desde nuestros días hacia el futuro. En esta técnica demiúrgica, esto es técnica capaz de crear al hombre o, por lo menos, de transformarlo o recrearlo, hay dos líneas tecnológicas: Una cibernética, que a través de la inteligencia artificial y la robótica suple las capacidades humanas con la máquina y la otra biogenética, que es la capacidad de producir la vida en laboratorio. En la línea cibernética, en el imaginario histórico de la sociedad occidental por lo menos, desde Israel existe una vieja leyenda judeo - cabalística, que es la del Golem, a la que el escritor Borges dedicó un hermoso poema, e incluso la edición de Gustav Meyrink, un escritor austríaco de los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, resucitó este tema del Golem. El Golem es un muñeco de barro sobre el cual, según la leyenda, pronunciando las palabras que Dios utilizó bíblicamente para engendrar al hombre, se puede entonces, recrear al hombre. La historia del Golem es muy triste pues nunca llegó a ser un hombre completo, ha sido un hombre a medias, con deficiencias mentales y que ha terminado por ser destruido o por volverse contra su creador. De ello, lo que interesa es constatar la presencia en el imaginario social de una idea que hoy está siendo utilizada por la ciencia y la técnica. Ir al mito no es un regreso patológico, sino una vuelta al originario. La ciencia y la técnica en muchos casos, no hacen más que realizar los sueños que la humanidad ha tejido desde sus comienzos, racionales, por lo menos. Esta tendencia golémica de la tecnociencia se expresa en la cibernética; cuando se abrió en Israel la primera computadora del Instituto Weizmann se bautizó Golema, es decir que el imaginario del Golem, de crear la inteligencia artificial, de que el hombre puede transmitir a la máquina su capacidad mental, representa una línea de tecnología demiúrgica, capaz de crear al hombre. La otra línea demiúrgica entropoplástica es la del homúnculo, que consistía, según la tradición hermética y también de los alquimistas y del Paracelso, entre otros hombres del Renacimiento, en producir al hombre en el laboratorio, en la probeta o en el alambique, a partir del semen. Esta historia hoy se ha cristalizado con la fertilización in vitro; el hombre ha podido extraer el huevo del nido, ponerlo en la placa de Petri, fertilizarlo y luego hacer con él un montón de cosas más. De esta manera, relacionando los parámetros científicos con los lierarios, queda expuesta la visión imaginaria de por qué la bioética es de alguna manera , el paradigma, el modelo de una ética de la tecnociencia y por qué la ciencia y la técnica exigen hoy la ética y antes no lo exigía porque pensaban que la ciencia y la técnica respondían espontánea, naturalmente a los fines , intereses y deseos del hombre. Hoy vemos que, por lo menos a prima facie, que no es así necesariamente. Debemos investigar qué intereses o qué valores la ciencia pone en juego y controlar su poder.

Se consideran tres crisis:

Afecta la supervivencia de la especie y de la naturaleza in toto. La cuestión del hombre no es una cuestión azarosa, inesencial, accidental a la materia de estudio, es fundamental y la historia de la Bioética lo demuestra a todas luces, cómo esta palabra ha tratado de imponerse, ha costado que se impusiera, pero finalmente lo ha logrado. Bioética es una palabra de dos términos griegos: BIOS , que significa vida, y más específicamente vida humana, porque el griego para designar la vida en general habla de ZOE, animal, de allí nuestro zoológico, y ETIQUÉ , ética, ETHOS que significa carácter, costumbre y también lugar. Todo esto quiere decir que la bioética conjuga BIOS y ETIQUÉ, vida y ética; esta conjunción es realmente una novedad terminológica - antes no existía la bioética como términi -, y como disciplina o multidisciplina que se va a encargar de los temas que aparecerán a continuación. En el año 1971 aparece un libro que lleva por primera vez el nombre de la disciplina que más tarde sería llamada así: Bioética. Éste es un libro de un oncólogo de la Universidad de Winsconsin, VAN RESSELAER POTTER, y subtitulado "Bioethics Bridge to the Future", como ya se anticipara; es decir, la conjunción de BIOS y ETIQUÉ, de ciencia y conciencia, de técnica y moral, de las dos culturas, la humanística y la científica, es el salvoconducto de la humanidad hacia el siglo XXI. Potter tenía detrás, como problema fundamental de esos días, los años setenta en el primer , el tema ecológico. Este hombre, que era un investigador del cáncer a nivel molecular, un especialista en cinética celular, deja el microscopio y empieza a mirar la cosa grande para ver cómo el problema de la ocogénesis, esto es la degeneración del cáncer, tiene sus causas más señaladas en el medio exterior. Ve que hay un problema ecológico que está dando cuenta dela patología del siglo XX y se puede comprobar, a medida que pasa el tiempo, la verdad de esta propuesta. Sin duda el gran problema, el problema macro de la bioética, es la crisis de la vida por la catástrofe ambiental, es la situación de la tierra en terapia intensiva a la vez que comprendemos más que nuestros recursos naturales se extinguen, se agotan y nuestro medio o hábitat de vida se deteriora . La tierra es un ser vivo al cual el hombre en su experimento civilizatorio ha desiquilibrado y llevado a extremos de extinción. Ésta es la tesis de una ética de la vida en este nivel macro; la ética tradicionalmente, en Occidente al menos ( en Oriente es algo distinto), no se ocupaba más que de las personas. La ética es un problema de responsabilidad, de la conducta de los seres racionales y libres, nada tiene que ver la naturaleza con los problemas morales, al contrario, parecería que un abismo separa a la naturaleza del espíritu y éste le corresponde la acción moral, pues la naturaleza es inmoral o, por lo menos amoral. Pues bien, hoy sabemos que no es así, hace falta una ética de la vida. La alianza o pacto entre ambas es una imagen fecunda de la cual es un desafío de práctica, de instalación ética, nuestro nuevo peldaño moral hacia fines de este siglo.

3-La medicalización de la vida. Se produce con más énfasis en el año 1978, cuando aparece una enciclopedia con ese nombre. Su editor Warren Reich vaciló mucho antes de ponérselo. En realidad se trata de una enciclopedia de moral médica ampliada, es decir, de la ética médica tradicional reformulada con extensión a la enfermería, a la atención de la salud, a los problemas sanitarios, a los del medio ambiente, etc. El hombre, condicionado por la finitud, su vulnerabilidad, su caducidad, su mortalidad, por una enfermedad, se medicaliza . Se medicaliza la existencia y condición humana. La medicina siempre juega en este filo, entre lo espiritual y lo positivo, lo científico. Pero, el abuso de este poder, el de medicalizar todas las condiciones de la existencia humana, es lo que ha llevado a un gran incremento del poder de la medicina, a lo que llamamos la medicalización de la vida, e incluso, más específicamente, la hospitalización de la vida. Lo expuesto señala que en la existencia de la bioética han influido, desde el punto de vista médico, es decir, como cambio en la ética médica, las transformaciones que ha sufrido la medicina en los últimos 25 - 30 años. Estas transformaciones son de tres tipos.

- Una transformación social , fundamentalmente, en las relaciones médico -paciente y de la medicina con la sociedad; se ha pasado de un modelo fiduciario , esto es, de confianza en la pareja médico - paciente, a un modelo contractual que antes, supuestamente, era más idílica y se asemejaba más bien a la pareja de hombre viejo y mujer joven, es decir, había una suerte de romance en esta relación que, por otra parte, sigue existiendo

Entonces la salud es hoy fundamental pero constituye un gran problema económico; la salud crece en sus costos día a día y el control de estos costos es uno de los grandes desafíos que tiene la política sanitaria, transformándose, asimismo, en política global. Estas tres transformaciones han dado lugar a que la bioética empezara a ver, para cada una de estas situaciones, la necesidad de recalcar ciertos principios. Para las innovaciones tecnológicas rige el principio de beneficio, en el sentido de BONUM FACERE, producir el bien, no en el sentido filántrópico, o altruista o caritativo de beneficiencia. El otro principio importante en la relación médico - paciente es la autonomía, esto es la autodeterminación o autogobierno, en definitiva, la libertad que tienen los pacientes, de definirse como agentes morales, esto es sujetos racionales y libres, para saber y tomar parte en las decisiones que les competen, como son las decisiones sobre la salud y la vida. Otro es el de la Justicia, que ha venido a normalizar el campo de la asignación de los recursos en salud, recursos que, por naturaleza, son costosos y escasos y la asignación de los mismos exige un criterio de justicia racional compartible, consensuable, por los miembros de una determinada sociedad u organización.

Los anticonceptivos, diagnóstico prenatal, experimentación humana, la experimentación terapéutica versus no terapéutica, la eutanasia, la muerte y el suicidio son conflictos que obligaron a definir la ética como "menú de principios" que se deben seleccionar y aplicar frente a casos concretos. Por lo tanto la ética quedó constituida como una rama de la teoría de la decisión. El sesgo predominante de esta disciplina ha consistido en cuestionar el conjunto de suposiciones que se toman por sentado de la vida moral. El concepto de persona también se revisa. La relación que ha supuesto que la razón controla el deseo ha conducido a un nuevo error, puesto que la misma no consiste sólo en la capacidad de calcular y coordinar con distintos medios, sino que en la configuración de la razón se incluyen factores no intelectuales como son las emociones conscientes o inconscientes. Así vista la razón en la persona se explica que se transforma en un tema de negociación de procedimientos ante fines en conflicto. Se ha colocado al ser normal como núcleo de una entidad autónoma: la racionalidad y, por lo tanto, la autonomía es el agente moral, el agente racional, no es un agente de sentimiento.

Las implicaciones de la nueva genética con el descubrimiento del ADN que concluye en que cada día se aprende más sobre lo que el ser humano supuestamente cree que es. Si bien las investigaciones genéticas dan pautas sobre qué realmente es el ser humano, también llevan a nuevos interrogantes éticos que superan la práctica y el pensamiento anterior sobre la persona y tienen que originar una reformulación del fundamento de la vida moral. La industria de la fertilización in vitro se la ve como efecto de considerar la esterilidad como una enfermedad pasible de tratamiento médico. El tema de la terminación selectiva como uno de los riesgos de la fertilización in vitro, puesto que una vez que han utilizado hormonas potentes para promover el desarrollo de huevos múltiples se pueden crear embarazos múltiples, Con el riesgo de perder a todos selectivamente se ha propuesto abortar a algunos de los fetos manteniendo a otros pero sin determinar sobre quién va a recaer la elección o qué va a motivar la misma. La privacidad respecto de brindar información genética en cuanto a sí mismo es otro de los temas preocupantes ya que existe un derecho sobre la propia conformación genética que implica la pregunta sobre qué significa ser uno y tener derecho sobre el cuerpo, la vida y la historia. Este interrogante no se resuelve con la distinción entre lo que es de uno y lo que es del otro. Hay un laberinto conceptual en la determinación sobre quién es una persona y quién es otra y cómo se conectan con el cuerpo que experimentan como propio. En el apuro para actuar todavía se tienen que considerar las implicancias completas del simple hecho de que en la ética contemporánea no se ha demostrado un esfuerzo concertado para entender, conocer, aunque no completamente, lo que constituye la humanidad. La incertidumbre, la incapacidad para conocer, no solamente los efectos a largo plazo de nuestra tecnología en la vida humana del futuro, sino, también, cuál va a ser el efecto de la intervención en vida embriónica o la intervención sobre algunas piezas del genoma que debe tener efecto sobre otras partes del mismo, obliga a actuar con exagerada cautela y tolerancia y a la necesidad profunda de pensar. Es innegable que se tiene acceso, sin críticas, a lo que es excitante y desafiante en lo nuevo. Existe el riesgo de socavar la tarea genuina de la medicina y de la investigación biomédica. No se tiene que perder la sabiduría del cuerpo común y tenemos como ejemplo metafórico que el águila no pierde la visión en vuelo y que debe volver para buscar la vida sobre la tierra. Es un punto de vista y, por lo tanto, un desafío más a enfrentar.

La medicina desde sus orígenes hipocráticos, se definió y, así lo hace el diccionario, como el arte de curar las enfermedades y de prevenir la salud. Que la medicina se conforme con el cuerpo normal, no es compartido por las técnicas, como la de transplantes y de fertilidad asistida y demás, que nos muestran instalada una medicina del deseo - recordemos a Pigmalión o a Narciso. La llamada medicina preventiva - primaria, secundaria, terciaria, según la canónica de la higiene - hoy en día se está convirtiendo, en un concepto que es el nuevo nombre de la salud, el concepto de calidad de vida. No se habla casi de más de salud, se habla de calidad de vida; salud todavía en un término fisiológico, biológico, organicista, médico, que corresponde a un paradigma decimonónico positivista. Calidad de vida responde mejor a la cultura light, característica de nuestro tiempo. Una medicina pigmaliónica o desiderativa y el concepto de calidad de vida, coexisten en una cultura o en un contexto que llamamos posmoderno y cuyos referentes son Pigmalión y Narciso. Y esa conjunción, un médico con poder de Pigmalión y un paciente con actitud narcisista, pueden llevar una peligrosa alianza. El desafío es el de controlar a esta medicina del deseo y a esta cultura - salud de legitimación hedonista. Esta medicina del deseo tiene cinco figuras: medicina predictiva, medicina psicoconductiva o psicagógica, medicina paliativa, medicina permutativa o sustitutiva y medicina perfectiva. No son nuevas líneas científicas, son orientaciones del deseo, pero todas las ténicas hoy facilitan esta clase de medicina. MEDICINA PREDICTIVA: No cabe dudas de que esta medicina existe gracias a la genética y a la inmunología. Se podría definir en el curso vital de un individuo el desarrollo de determinada patología. Esta es una capacidad nueva, el diagnóstico genético es una nueva capacidad de la medicina. El destino, ahora sabemos que no está en los astros sino que está en los genes, y la carta de identidad genética que muy pronto el proyecto genoma humano pondrá a nuestra disposición, nos va a traer desafíos morales problemáticos, porque esta información confidencial, reservada de tanto valor, es como dicen los ingleses, "the burden of Knowledge", la carga del conocimiento, hasta qué punto saber o no saber. Por supusto, en casos concretos, el diagnóstico prenatal y el aborto genético, plantean nuevos desafíos y nuevas responsabilidades de justificación moral. MEDICINA PSICOCONDUCTIVA: Cada vez más la psicofarmología, la psicocirugía, la psicoterapia, el psicoanálisis controlan nuestras conductas y nuestras mentes. Hoy en día existe la cultura del "Prozac" y de la "performance", es decir, que se toman medicaciones no para controlar una enfermedad, sino para dar mejor resultado o rendimiento. En una pastilla se obtiene vigilia, sueño, entusiasmo, el ánimo alto, el ánimo bajo; en una cápsula está todo. Es "soma", la pastilla que en griego significa "cuerpo" y se daba para todo : para el delirio místico o el criminal. Para cualquier cosa el hombre puede recurrir a un espíritu químico que va a regular su vida.

CONTENIDO - DESARROLLO

La preferencia de la biomedicina por el griego -tan marcada como la del derecho por el latín - y la existencia de un centenar de vocablos dotados del prefijo vital, legitimaron entrelazar las palabras bios y ethiké. Por otra parte, este enlace no es una de esas quimeras linguísticas o palabras compuestas por radicales tomados de lenguas distintas ( por ejemplo, biomedicina).

La etimología nos dice sobre la verdadera vida y ética de la bioética, literalmente "ética de la vida" (como también "vida de la ética").

El latín mos moris es un calco morfológico y semántico perfecto del griego ethos ( lo moral como ánimo, costumbre y morada). El concepto bioético se resume en la expresión griega biotós, la vida buena, que vale la pena vivir. Independientemente de la etimología clásica grecolatina, la palabra bioética tiene gran poder sugestivo como expresión de la cultura actual. Pero para no seguir la corriente mistificadora del nombre, es preciso la fidelidad al ethymón de la bioética desde el habla griega. Y ésta nos dice que bios es vida humana, cuyo discurso corresponde a la antropología, y que ethos es el lugar por autonomasia del hombre, la polis, objeto de la política. Bioética es vida social (e histórica), procura de un mundo habitable o una vida vivible.

Es curioso que la cuestión nominal de la bioética no sea tal cuestión en la literatura corriente de la disciplina. Muy pocos títulos en la bibliografía internacional, mayoritariamente norteamericana, registran De nomine quaestio.. Inversamente, en los países latinos que asimilaron y recrearon la bioética, se ha cuestionado el nombre y la mentalidad de ésta, proponiéndose alternativas.. Más allá de una reacción xenófoba al colonialismo bioético - americano, el hecho reflejaría una diferencia cultural en el abordaje de la disciplina, vale decir en su fundamento o modelo conceptual. Mientras que la tradición empirista anglosajona, y en particular la pragmatista norteamericana, se inclina por un procidentalismo, la tradición racionalista europeocontinental, y en especial la euro latinanoamericana o mediterránea, es proclive a un fundamentalismo. No cabe duda sobre la posibilidad y necesidad de integración entre ambas tradiciones culturales. Quizás esa mediterránea raíz grecolatina aflora en la cuestión nominal de la bioética. Académicamente se percibe la disciplina como una manera de pensar, una filosofía práctica o aplicada como paradigma de la moral civil y tecnocientífica de nuestro tiempo. Por otra parte, se entiende a la bioética como que significa ética médica renovada, pues constituye la nueva filosofía de la medicina (iatrofilosofía) en la crisis de identidad de ésta respecto de su objeto, método y fin, para cuyo correspondiente escrutinio filosófico hacen falta una antropología, una epistemología y una axiología (agatología) médicas. Por último, pero en forma abierta, se piensa a la bioética como biofilosofía, con su teoría (fenomenológica, analítica, dialéctica u otras) y su práctica ( biomoral, bioderecho, biopolítica...) de la vida. En cualquier caso, se confía en la bioética como nueva vida de la ética en la actual crisis de la humanidad, con la esperanza de una revolucionaria apropiación bio - ética del destino humano y llegar a ser lo que queremos y nos debemos ser.

Capítulo 1: Bioética Paradigma de la Ética Tecnocientífica.

c) La tercera metáfora del imaginario social respecto del progreso tecnocientífico corresponde al famoso Un Mundo Feliz (Brave New World), de Aldous Huxley, novela que narra en forma de anticipación, en 1932, lo que sería la sociedad biocrática, una sociedad dominada, controlada, normatizada por el poder científico y técnico y, muy particularmente, biológico. Las páginas de Huxley sorprenden todavía, en forma retrospectiva porque en ellas podemos encontrar la embriogénesis, la partenogénesis, la clonación, los bebés de probeta, la eutanasia, los cuidados paliativos, los hospitales de moribundos, la psicofarmacología actual, etc. Huxley ahonda sobre el extravagancia de la ciencia, la técnica y el megaintelectualismo cuando dice: "

Las personas se abalanzan hacia los libros y las universidades como hacia los cafés. Quieren ahogar su conciencia de las dificultades que presenta el vivir adecuadamente en este grotesco mundo contemporáneo; quieren olvidar su deplorable insuficiencia en el arte de la vida.../Los libros y las conferencias son mejores para ahogar las penas que la bebida y la fornicación: no dejan dolor de cabeza, ni aquella desesperante sensación de post coitum triste...". Nada más clásico y más actual, Huxley hacía esta referencia respecto del saldo que dejaba la revolución industrial; hoy se reactualiza pues "la gente se abalanza sobre computadoras, Internet, cibernética en general, más hacia las drogas que al vino, etc". También cuando dice: "...Habiéndose acostumbrado uno a dividir y vencer en nombre del intelecto, es difícil detenerse.../ la dificultad consistirá en actuar conforme a la creencia.../ Un hombre que se ha esforzado siempre por alentar sus tendencias intelectuales a expensas de todas las demás, evita cuanto puede las relaciones personales; observa sin participar; no gusta de abandonarse, es siempre espectador más que actor.../...por esa supresión de relaciones emotivas y de piedad natural se le figura que consigue liberarse, liberarse de la sentimentalidad, de lo irracional, de la pasión, de la impulsividad, de la emoción..., pero en realidad no ha hecho otra cosa que estrechar y disecar su vida y, lo que es más, ha embotado su inteligencia por el mismo procedimiento con que pensaba emanciparse. Su razón es libre, pero tan solo para ocuparse de una pequeña fracción de experiencia. Él se da cuenta de sus defectos psicológicos y, teóricamente desea modificarse. Pero es difícil romper con los hábitos de toda una vida, y puede que los hábitos no sean sino la expresión de una indiferencia y una frialdad innatas que sería casi imposible vencer...y, para él, de todos modos, la vida simplemente intelectual es más fácil; es la línea de menor resistencia, porque es la línea que evita a todos los seres humanos..." La ciencia, además de ser destructiva en su poder, tiene la posibilidad de ser creativa - factiva y no meramente contemplativa, como los ejemplos anteriores lo han señalado, es una ciencia antropoplástica, una ciencia y una técnica demiúrgicas; la revolución biológica nos muestra esto de manera muy clara. En esta técnica demiúrgica, esto es técnica capaz de crear al hombre o, por lo menos, de transformarlo, de recrearlo , hay dos grandes líneas tecnológicas: una es cibernética, que a través de la inteligencia artificial y la robótica suple las capacidades humanas con la máquina y la otra llamada biogenética, que es la capacidad de producir la vida en el laboratorio. La posibilidad cibernética sorprende en la cantidad de películas que reflejan las transformaciones del cuerpo contemporáneo: "Terminator", "Alien"., "Batman", "La Mosca", "Freddy Cruger", "Tijeras", "The Mask",etc; como si el cine, también , estuviese revelando en pantalla todas estas posibilidades de Pigmalión. La otra línea demiúrgica antropoplástica es la del homúnculo, que consistía, según la tradición hermética y también de los alquimistas y de Paracelso, entre otros hombres del Renacimiento, en producir al hombre en el laboratorio, en la probeta o en el alambique, a partir del semen. Esta historia hoy se ha realizado con la fertilización in vitro; el hombre ha podido extraer el huevo del nido, ponerlo en la placa de Petri, fertilizarlo y luego hacer con él muchas cosas más. La alternativa de Pinocho viene a cuento para recordar que el hombre no es un animal sin razón, ni es una máquina, y ésta es una gran ambivalencia y su gran dificultad; el hombre no se reduce a la vida, ni siquiera en el laboratorio, ni se reduce a la máquina por más sofisticada o robótica que sea. La tierna historia de Pinocho que acuñó nuestros sueños infantiles y debemos a la pluma de Carlos Lorenzini o Callodi, que era su seudónimo, salió como historia para niños que muestra cómo el hombre no es ni una madera ni un espíritu, o sea no es cuerpo ni es alma, sino un producto de la cultura y de la educación. Pinocho es un perverso polimorfo, es el niño malo, desobediente , egoísta, ingrato con su progenitor y mentiroso, las hace todas, se junta con malas compañías; pero lentamente va desarrollando su consciencia moral hasta llegar a ser una persona de buen corazón.

La vida ha pasado, básicamente, por tres crisis:

2- La revolución biológica, que está transformando la naturaleza humana.

1-La bioética como disciplina no se conformó con la idea de Potter. Sin duda, el gran problema o el problema macro de la bioética es la crisis de la vida por la catástrofe ambiental; esta situación de la tierra en terapia intensiva, o sea el hecho de que cada vez comprendemos más que nuestros recursos naturales se extinguen, se agotan y nuestro medio o hábitat se deteriora. Ello puede considerarse como mito, como Gaia, es decir, un organismo en el equilibrio paradigmático u homeóstasis. Se reconoce una falta de ética de la vida que se puede simbolizar con la figura bíblica de Noé, cuyo libro sobre el diluvio universal, la fabricación del arca de salvación de las especies y de la especie humana, es el argumento ecológico perfectamente descripto en la Biblia. Se extrae como análisis literario de la misma la necesidad de la Alianza, como una simbiosis con la naturaleza, un reconocimiento de ella como nuestra socia o compañera, no como nuestra enemiga a quien debemos simplemente dominar tal como fue la consigna baconiana de los tiempos modernos: la de que el hombre es el señor de la naturaleza, debe conquistarla, dominarla y someterla a su arbitrio. De hecho, por ese camino, se han conseguido muchas cosas, grandes cosas, la revolución industrial finalmente, pero también con ello se ha llegado a los límites de nuestras posibilidades de habitar el planeta. La Alianza desde Noé, o el pacto, es una imagen fecunda en la cual debemos instalarnos éticamente, como nuevo peldaño moral hacia fines de siglo.

¿Qué enseña Pigmalión?.

Los hipocráticos fueron los primeros en introducir en el estudio clínico, el concepto de crisis (cambio, no sólo algo negativo). Knock o el triunfo de la medicina fue estrenada en París en 1923.

Ética de la Medicina Posmoderna.

¿Por qué?

El segundo distribuye igualatoriamente las virtudes morales, vale decir, la piedad, pundonor y la justicia. En el mito de Prometeo según la versión platónica de Protágoras, se describen tres intervenciones demiúrgicas en el origen de la humanidad:

b) la invención de las técnicas, provista por Prometeo con el robo del fuego a Vulcano y Minerva, pues las artes mecánicas y la inteligencia práctica son indispensables para la supervivencia de la especie.

CONCLUSIÓN

El análisis desarrollado se ha hecho en base a breves ejemplificaciones bibliográficas o del género literario, pues el mismo, que podría realizarse "in extenso", ocuparían una gran extensión manuscrita. No obstante, se ha tratado de que los mismos sean esclarecedores en cuanto al propósito de demostrar que esta disciplina puede resultar significativamente útil o importante en el análisis literario, partiendo desde su concepción nominal y/o lingûística y desde su polisemia.

La Bioética sería así, el signo, desde el signo lingûístico al semántico, de los tiempos como fórmula que combina un secreto de la vida y un suplemento de la moral. Doble exigencia para el hombre en su realidad terrena. Por último, en las obras literarias encontramos el ineludible dibujo de la existencia, del destino humano, porque se distingue, sobre todo la extraordinaria técnica de que se sirven los autores para representar las ambivalencias de las que nos manifiesta la bioética, como dice claramente el Dr. Mainetti, pues es el acabado cuadro de la sociedad dentro de los limitados márgenes de la propia condición humana, dándonos una galería de comportamientos, humanos y sociales, siempre presentes, siempre clásicos.



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