¿Qué es la opinión pública?

Fecha: 05/04/2007
Categoría: Estudios Sociales
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¿Qué es la opinión pública?

Entre el espacio público y la publicidad del espacio

 

Carolina Bracco

 

1. El espacio público: ilusión y realidad

 

1.1. El espacio y la acción. Arendt, Habermas y la esfera pública.

 

La identidad entre lo público y lo político es el legado básico de Aristóteles en Arendt.  Es a partir de esta idea que Arendt plantea que las instituciones y el gobierno pertenecen al ámbito de lo doméstico (oikos, en griego), de las necesidades; mientras que lo político, el  espacio propicio para la acción, tiene lugar cuando los hombres dejan detrás el ámbito de la necesidad y acceden a la polis, al espacio público.

La deliberación que se produce cuando los hombres actúan en una dimensión presente, accediendo así a la libertad, es sólo posible mediante el abandono de la esfera doméstica.

Así, el espacio público es instituido –regulado para que permanezca-como un espacio de acción. El objeto mismo de la política es la libertad, “el poder brota de la capacidad humana, no de actuar o hacer algo, sino de concertarse con los demás para actuar de común acuerdo con ellos”[1]. En el espacio público el hombre desarrolla toda su potencialidad, actúa, en un mundo común que reúne y a la vez separa a la comunidad  humana, caracterizado por la publicidad más vasta posible, esto es el hecho de que en el espacio público cada uno puede ser visto y oído por todos. Esta publicidad se refiere entonces a la visibilidad de las cuestiones que se tematizan en su interior, y esta misma visibilidad, es condición de posibilidad de que todas las personas puedan juzgar o examinar críticamente lo que en su interior sucede. Así, el espacio público implica a su vez una accesibilidad o apertura de carácter formal.

Para Habermas, en cambio, los ciudadanos son portadores del espacio público. La opinión pública surge del consenso de los gobernados y legitima la democracia. Esta visión normativa de la opinión pública se sustenta en la ya clásica teoría habermassiana de la acción comunicativa. El consenso, entonces, deriva de la acción comunicativa, de una orientación que responde al interés cognitivo de un entendimiento recíproco y al interés práctico por el mantenimiento de una intersubjetividad permanentemente amenazada.

Hay en Habermas, un claro elemento normativo que obtura la creación de una visión más acabada de la opinión pública y su teorización.

 

 

1.2. El fracaso de lo público: La espiral del silencio

 

La década del 70 trajo consigo una nueva forma de pensar la influencia de los medios y la opinión pública a partir de la psicología social. Esto a partir de que Elizabeth Noelle-Neumann desarrollara la muy conocida teoría del espiral del silencio[2] dejando atrás las teorías de los efectos limitados que protagonizaron las décadas anteriores, iniciando la era de los efectos poderosos.

La opinión pública es pensada como una piel social –y, a su vez, como control social- y esto porque el miedo al aislamiento genera dudas sobre la capacidad y el juicio propio, lo que genera una apropiación de expresiones y opiniones que se creen aceptadas socialmente. Así, el temor al aislamiento, a la sanción social hace que se callen las opiniones individuales; el individuo hace una evaluación del medio ambiente, observa qué opiniones están a favor o en contra y cuales resultarían perjudiciales para él.

Aquel que diciente de la opinión dominante, permanece en silencio.

Entonces, una opinión pública, sería aquella que puede ser expresada públicamente sin temor a sanción. La opinión pública es la opinión pública dominante, aquella que se logra imponer por sobre otras opiniones también minoritarias pero incapaces de mantenerse a lo largo del tiempo.

Es nuestra piel social, la que nos protege de quedar aislados.

 

2. La publicidad del espacio: instrumento, medios y fin.

 

2.1. Los medios y la mediatización del espacio. La teoría de la Agenda setting

 

La teoría hegemónica –junto con la espiral del silencio, la última gran teoría sobre la opinión pública- es la teoría de la agenda setting o de la tematización. En la base de esta teoría se encuentra la idea de que los medios no dicen qué pensar, pero sí sobre qué pensar.

Siguiendo a Semetko[3], la teoría de la agenda setting –enmarcada dentro de la teoría de los efectos poderosos- se basa en la creencia de que la tematización se  nutre de dos fuentes de datos: el análisis de contenido de la información para así determinar los temas más importantes, y la evaluación de la opinión pública.

Así, el poder de los medios, siguiendo a este autor,  para influir en las agendas públicas puede variar por dos factores:

 

  • El grado en que los indicadores del mundo real fortalecen o reducen el mensaje de los medios

 

  • El tipo de agenda pública

 

De esta manera, cuando el público carece de experiencia personal sobre un determinado tema, los medios tienen mayor influencia sobre él. A su vez, los medios construyen la agenda pública al crear un clima político que determina el posible impulso de la opinión pública.

Lo anterior nos conduce directamente al concepto de priming, identificado con la idea de los efectos de un contexto anterior sobre la interpretación y reconstrucción de la información, y a la afirmación de que los medios refuerzan creencias preexistentes.

Enric Saperas[4], por su parte, explica que la teoría de la agenda setting partió del estudio de la comunicación política que se interesó por los análisis de los efectos de la comunicación de masas que no resultaban de un proceso de persuasión sino de la presencia pública de ciertas informaciones sobre el entorno político.

El estudio estaría entonces enfocado a analizar la relación directa y causal entre el contenido de la agenda de los medios y la percepción pública de cuales son los temas más importantes.

Resumiendo, los objetos de estudio delimitados por la agenda setting son tres:

  • Los temas y tópicos que forman los contenidos de las comunicaciones recomendadas por los medios de comunicación de masas. (seleccionados por los gatekeepers, aquellos individuos que seleccionan la información en una agencia periodística, actuando individualmente.).

 

  • La naturaleza de los efectos y el marco temporal en el que se desarrolla acumulativamente hasta alcanzar una agenda pública.

 

  • Las diversas agendas que intervienen en el proceso, a saber; la agenda intrapersonal, interpersonal, la de los medios y la pública.

 

La agenda setting, entonces, estará determinada por la relación entre la agenda de los medios y la agenda pública en tres modelos posibles; de conocimiento, de prioridades y de los ítems de la actualidad.

 

 

2.2. Los sondeos y el pulso social: “La opinión pública no existe”.

 

El sociólogo francés Pierre Bourdieu cuestionaba ya hace una década los tres supuestos básicos de los sondeos de opinión.[5]

El primero tiene que ver con la idea de que todo el mundo tiene una opinión. El segundo, responde a la ilusión de que todas las opiniones tienen el mismo valor. Un tercero, hace referencia a que hay un acuerdo sobre cuales son las preguntas que vale la pena hacer.

Las problemáticas que proponen los sondeos –explica Bourdieu-  están subordinadas a intereses políticos, son instrumento de la acción política, imponen la ilusión de que existe una opinión pública como la suma de las opiniones individuales, algo así como una opinión media.

En la práctica, se apura a los encuestados a responder cosas que no se le preguntan ya que muchas respuestas que se consideran “políticas” se producen a partir del ethos de clase. La encuesta de opinión ignora a los grupos de presión y a las disposiciones virtuales que no se expresen explícitamente.

Así, el sondeo, la encuesta de opinión como prácticas ampliamente legitimadas por le poder político, los medios y –por lo tanto- la sociedad toda, evidencian que la opinión pública, al menos en la forma que le atribuyen estos tres actores, no existe.

 

 

Conclusión: ¿Qué es la opinión pública?

 

Luego de este breve recorrido por la historia de cómo se ha pensado y piensa hoy la opinión pública creo necesario hacer una breve mención a la instrumentalización del concepto en nuestros días y en nuestros medios de comunicación.

Es muy difícil encontrar hoy la utilización del concepto en términos del espacio de “lo público” para Habermas o –mucho menos- Arendt, es decir, en tanto espacio público, en donde se configura la construcción social de la realidad y se genera la acción política.

Más bien, lo que se evidencia es una apelación al recurso de efecto que tiene la sola mención de su concepto.  Creo, con Bourdieu, que “la opinión pública no existe”[6], sino tan solo en función a la construcción de sentido que cada medio, a partir de su editorialización, le imparte.

Así, hoy, la opinión pública es una ilusión que yace, inerme, a la espera de su manipulación.

 

 

 

 

 

 


[1] Arendt, Hannah, ¿Qué es la política?, Ed. Paidós, Barcelona, 1997.

[2] Noelle-Neumann, Elizabeth, La espiral del silencio. Opinión Pública. Nuestra piel social, Ed. Paidós, Barcelona, 1995.

[3] Semetko, Holli, “Investigación sobre tendencias de la Agenda-Setting en los noventa”, en Muñoz Alonso, A. y Rospir, J.I. (comp.), Comunicación Política, Ed. Universitas, Madrid, 1995.

[4] Saperas, Enric, Los efectos cognitivos de la comunicación de masas, Ed. Ariel, Barcelona, 1987, Segunda Parte.

[5] Bourdieu, Pierre, “La opinión pública no existe”, en Voces y Cultura-Revista de comunicación N 10, Segundo Semestre, 1996, Barcelona.

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