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Política científico-tecnológica en los países en desarrollo y en Argentina
Por Silvina Besarón.

Es a partir de mediados del siglo XX que la ciencia da señales de sus primeros avances en gran parte del mundo en vías de desarrollo, observando estructuras y tendencias surgidas desde los países desarrollados. En los países emergentes la ciencia y la tecnología modernas se expandieron rápidamente tras la Segunda Guerra Mundial. Los Estados que recientemente habían adquirido su independencia consideraban la ciencia como símbolo de racionalidad, autoridad, soberanía, progreso y crecimiento económico. Con apoyo internacional (y el impulso continuado de la Unesco), los gobiernos de los países en desarrollo se propusieron crear unos sistemas científicos nacionales, muchas veces imitando las estructuras y objetivos externos sin adaptaciones locales. El sector privado se implicó mucho más lentamente y sólo comenzó a participar activamente y a promover las instituciones científicas y tecnológicas a finales de los años ochenta. Se habla de analfabetismo científico-tecnológico cuando se reconoce la falta de recurrencia hacia la ciencia y la tecnología por los diversos actores e instituciones sociales con la finalidad de adquirir conocimientos y técnicas. Paralelamente se nota una preocupación del Poder Ejecutivo de nuestro país por insertar la ciencia y la tecnología en los diversos campos de acción y en nuestra cultura en general. Ya no existen dudas acerca de lo fundamental que son los conocimientos científico-tecnológicos en el avance de las diversas sociedades y va preocupando cada vez más la brecha que se agranda entre los países en desarrollo y los desarrollados.
Una nueva mentalidad del Poder Ejecutivo y una nueva situación económica de estabilidad, parecieran plantear la necesidad de cambios llevando a cabo planificaciones tendientes al bienestar de la sociedad en su conjunto. Pero una vez más, se advierte la necesaria puesta en práctica de mecanismos que informen la situación real del objeto de estudio en forma periódica para así corregir sobre la marcha lo que se crea conveniente de acuerdo a los objetivos a lograr. A pesar de algunas deficiencias institucionales, se han establecido o están estableciendo comunidades científicas nacionales en varios países en desarrollo.
Las universidades y laboratorios de investigación, academias de ciencias, publicaciones y sociedades científicas que comenzaban a arraigar en los años cincuenta, en la actualidad ya están establecidas en todos los países en desarrollo. Han surgido ya figuras de prestigio internacional y líderes intelectuales así como los mecanismos institucionales necesarios para perpetuar su trabajo.
Si bien es relevante advertir, según queda expresado por Renato Dagnino: "Pero si la investigación realizada en los países desarrollados es ´por definición´ relevante, aquí apenas alcanza a constituir un criterio de calidad exógeno." En cuanto a las disciplinas preferidas de investigación, hay una fuerte tendencia a las ciencias médicas, agrícolas o biológicas.
Existe productividad científica medida en número de ensayos publicados, estando incluso los pequeños países en desarrollo presentes en las bases de datos internacionales. Aunque ocupan un lugar modesto entre el resto de publicaciones científicas, en algunos campos su importancia es mayor que lo que pueden sugerir las cifras globales.
Por ejemplo, la contribución científica de los países en desarrollo a las ciencias agrícolas ascendía al 10% e incluso al 50% en el caso de la agricultura tropical.
La investigación científica en América Latina y el Caribe es un hecho del siglo XX. Durante el largo período colonial hubo poca contribución de este continente a la ciencia. Las universidades proporcionaban educación a las elites económicas, políticas y religiosas, mas no se caracterizaban en general por ser centros de actividad científica; era quizá más fácil encontrar una componente científica entre las expediciones que exploraban nuestro vasto territorio y sus recursos naturales. El modelo de universidad como centro de investigación desarrollado en Europa durante el siglo XIX llegó tarde al Nuevo Continente, y sólo en la segunda década del siglo XX comenzó a introducirse la ciencia como componente integral de la enseñanza en universidades de Argentina.
El esfuerzo de este país por desarrollar la ciencia y crear una tradición científica ha sido notable, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX. Proliferaron a partir de los cincuenta las instituciones de investigación, se crearon organismos gubernamentales para la promoción y la financiación de la actividad científica, aumentó la matrícula universitaria y se instituyeron numerosos programas de posgrado. Antes de los sesenta, los profesores universitarios que hacían investigación fueron decisivos en la constitución de los sistemas nacionales de investigación científica.
Las estructuras para la fijación de políticas y el fomento a la ciencia y tecnología a nivel gubernamental pasaron por muchas vicisitudes en las últimas tres décadas, marcadas por períodos dictatoriales y represores del saber científico y de la intelectualidad en general. En algunos casos, se crearon y eliminaron ministerios de ciencia y tecnología en rápida sucesión, y en general las estructuras sufrieron altas y bajas de rango jerárquico en relación con el ejecutivo. Por un lado, se extiende una preocupación por implantar mecanismos evaluativos en los centros de investigación y de educación superior, que se diferencian de las formas de control político y burocrático tradicionales en la introducción de instrumentos de control estratégicos, a través del reconocimiento institucional y la asignación de recursos asignados a la definición de misiones, metas, resultados y criterios de calidad.
Por el otro, se observa un interés creciente por parte de los organismos del Estado por lograr que los aparatos productivos nacionales usen los resultados de los esfuerzos de investigación académica de manera oportuna e innovadora. De ese modo, se estimulan nuevas alianzas dentro y fuera de las universidades y centros de investigación para vincular las industrias más estrechamente con el sector científico.
En la última década surgieron varios centenares de empresas innovadoras en la región, entre los miles que existen y que tienen baja productividad (se calcula en un tercio de la de los países industrializados). Aunque todavía es muy reducida la I+D que se hace dentro del sector productivo, se observa un mayor interés en las universidades respecto a vincularse con las empresas y, en algunos casos, de éstas para buscar soluciones o ideas competitivas en el medio académico.
Se ensayan una variedad de esquemas, como los programas para industrias asociadas a centros de investigación académicos según un pago de cuota por número de miembros, parques científicos o tecnológicos, expertos para ayudar a nuevas empresas en áreas tecnológicas avanzadas, empresas universitarias, fundaciones, unidades de enlace, etc. Pero falta aún superar la visión a corto plazo que impide apreciar la naturaleza imbricada de los procesos de educación, ciencia básica y aplicada, tecnología e industria. En última instancia es el sector industrial y no el científico el responsable de producir los bienes y servicios que deben competir en los mercados globales, y en la mayoría de los países latinoamericanos el sector industrial tiene limitaciones de diversa índole. Muchas empresas multinacionales incluso, han buscado en el extranjero las respuestas a sus problemas tecnológicos .
Su debilidad agudiza las resistencias de las comunidades universitarias ante el cambio de prioridades hacia objetivos pragmáticos de llevar la ciencia al mercado. Falta aún una clara decisión política y una inversión adecuada que no está fuera de las actuales posibilidades económicas para convertir realmente a la ciencia y la tecnología en instrumentos para el desarrollo. En los países en desarrollo, son muy pocas las empresas que participan en alianzas estratégicas. Los únicos casos destacados en mínima parte son Brasil y Chile en lo que a América Latina se refiere.
Hay actualmente una marcada asimetría de gastos en I+D entre los países industrializados y en desarrollo, e incluso esta misma asimetría se observa en diferentes regiones dentro de los mismos países en desarrollo. La comunidad científica continúa buscando un margen de libertad lo suficientemente amplio para dirigir la investigación hacia temas elegidos por ella misma (modelo science-push), sin tener en cuenta su aplicación potencial posterior. La administración, por su parte, en particular aquella responsable de conceder los fondos a las instituciones, no suele estar satisfecha con el rendimiento de la comunidad científica. El Estado, contempla a la I+D en su totalidad como una actividad económica que compite por el dinero público en una época en la que los presupuestos de los Estados se ven limitados cada vez más por las necesidades básicas de la sociedad y por el desarrollo de las infraestructuras. Un gran número de funcionarios expresa su insatisfacción por el modo en el que se está llevando a cabo la investigación e incluso, en algunos casos, están dando muestras de impaciencia ante el débil y en ocasiones inexistente, impacto directo de la investigación en el desarrollo. Este estado de cosas, refleja una falta de conciencia fundamental del papel central de la ciencia y tecnología con respecto a la competencia a escala mundial e incluso con la supervivencia de la humanidad. Los países en desarrollo van aumentando la brecha en relación a los industrializados en lo que a frontera científico y tecnológica se refiere. E incluso nuevas propiedades de protección del derecho intelectual, tal las patentes, a medida que van siendo legisladas como protección a la industria de los países desarrollados, generan un establecimiento de las relaciones de dependencia de tal forma que imposibilitan el acceso a la transferencia de tecnología. Por otra parte, el acceso a licencias de industrias de países desarrollados se produce cuando el ciclo de vida del producto o proceso muestra madurez, de tal forma que en realidad está reportando ganancias extras a los exportadores que ya estarán desarrollando un nuevo producto o proceso. La distribución del conocimiento científico deja de ser abierto y se observan retrasos en la actualización de la información e incluso en el tratamiento de los temas de los países que se hallan en la frontera del conocimiento, llevando a que los países en desarrollo no contribuyan al conocimiento de los industrializados sino sólo excepcionalmente. De esta forma, tenemos que la I+D de los países en desarrollo se caracteriza por tener una comunidad científica no viable y de débil infraestructura institucional; no poder acceder a la información relevante en el momento indicado por no estar dentro de un canal de comunicación ni con sus pares locales ni externos y por ello realizar una insignificante contribución al conjunto de conocimientos mundiales; se realizan actividades muy poco interdisciplinarias e internacionales lo que conduce a una situación conjunta de periferia intelectual además de geográfica. Pese a existir consenso general del papel fundamental de la ciencia y la tecnología en el desarrollo general de los países, en América Latina y el Caribe se dedican escasos recursos presupuestarios a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, ya que se enfrentan con la necesidad inmediata de cubrir las demandas básicas de la población. Dos factores circulares contribuyen a ello :

1) Existe una relación muy débil entre las actividades de investigación realizadas por la comunidad científica y los problemas del sector productivo o de la sociedad. Se debieran otorgar mayores recursos hacia el desarrollo de la ciencia y la tecnología, incrementando los vínculos entre los diversos sectores generadores y usuarios de los resultados. No se constituye en una efectiva demanda social.

2) La situación socio-económica de crisis económica, políticas de estabilización, disminución del gasto público y el deterioro del nivel del bienestar social, conducen a una imposibilidad de aumento de la inversión en actividades científico-tecnológicas. Preocupa el tomar como solución a los problemas presupuestarios la desarticulación paulatina de centros y grupos de investigación con determinado grado de excelencia y de masa crítica, lograda en las últimas dos décadas, que como consecuencia tendrán este tipo de costos económico y social reflejados a mediano y largo plazos.
El volver a contar con los recursos humanos e institucionales que se desbasten, implica una gran pérdida de recursos financieros y tiempo del que no se sabe si se podrá recuperar. El ritmo acelerado del cambio tecnológico mundial, con su consiguiente agrandamiento de la brecha existente entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo y la falta de inversión nacional en ciencia y tecnología, señalan a la cooperación técnica internacional y regional como un camino factible para el acceso a los conocimientos y las tecnologías, siempre que se atiendan los mutuos intereses.
La reducción de los volúmenes aportados desde los países desarrollados y que se justifican por crisis económicas internas, responden a la restricción presupuestaria que han efectuado a través del aporte internacional para el desarrollo. En un primer momento se redujeron los montos destinados a la cooperación multilateral, llevando a inclinarse a los países de la región por la cooperación bilateral, que posteriormente sufrió de similares reducciones. Este tipo de disminución del aporte internacional resulta ser el de menor costo político frente a la sociedad de cada país, debido a la situación política planteada desde los mismos países en vías de desarrollo. De allí resulta que no se ha tenido en consideración el realizar gestiones desde nuestra región para influir en la opinión pública de cada país contribuyente en forma favorable hacia el desarrollo de América Latina y el Caribe, ni se ha realizado el lobby oportuno frente a los grupos parlamentarios locales. En relación a los flujos de los fondos, comienzan a vislumbrarse determinadas actitudes que responden a las presiones ejercidas desde el nuevo ambiente socio-político dado en Europa Oriental hacia la cooperación bilateral en gran medida europea, y que tendrá incidencia sobre el papel de la cooperación técnica internacional; perjudicando a los países de la región.
Históricamente los países de la región han repartido los fondos obtenidos en la cooperación técnica internacional, centrándose en dos objetivos diferentes. Por un lado y en menor grado - haciendo la salvedad de Chile - , se destinan fondos para responder a la demanda de apoyo a la investigación de parte de la comunidad científica, priorizando la calidad por medio de la revisión de pares. Por otro lado y teniendo como objetivo primordial la contribución de la ciencia y la tecnología al sector productivo local y a la solución de los problemas socio-económicos, se fijaron prioridades de investigación y desarrollo tecnológico y crearon programas que contemplan el uso y provecho de los resultados obtenidos por los destinatarios sociales finales.
Los Programas de Cooperación Regional, combinan intereses y prioridades nacionales a nivel intergubernamental dados en determinados agrupamientos de países, tal los casos de los países andinos, países del Caribe, América Central y Cono Sur. En estos esfuerzos de cooperación regional participan principalmente representantes gubernamentales, dejando casi totalmente de lado la opinión del resto de los sectores involucrados, tales el productivo, científico-tecnológico y social; repercutiendo ello en la participación mínima de los sectores beneficiarios y ejecutores cuyo compromiso y credibilidad con los programas resulta así, limitada.
Otro de los inconvenientes resultado de esta incomunicación, se refiere a la falta de aprovechamiento de los esfuerzos efectivamente realizados en el área a considerar. De esta lógica, se concluye que mucho esfuerzo y todo el dinero es derrochado en actividades de planeamiento, impidiendo que lo disponible sea empleado en la realización de los programas fijados.
Desde un punto de vista positivo, cabe destacar el haber logrado realizar los Programas de Cooperación Regional, diagnósticos, esquemas conceptuales y operativos útiles a diversas instituciones científicas de la región.
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